Una excavación profunda en la calle Mackenna, en pleno centro de Osorno, se topó con un estrato de ceniza volcánica saturada que modificó por completo los plazos de obra. La presencia de trumao, un suelo derivado de depósitos piroclásticos típico de la región, exige un control mucho más riguroso que el que se aplica en terrenos granulares comunes. Nuestro equipo ha instrumentado excavaciones desde Francke hasta Rahue Bajo, y en cada proyecto confirmamos que la variabilidad vertical de estos suelos obliga a un monitoreo geotécnico de excavaciones con lecturas diarias. Sin una supervisión constante, los taludes temporales pueden perder cohesión en cuestión de horas tras una lluvia intensa, algo frecuente en esta zona donde las precipitaciones anuales superan los 1.300 mm. Trabajamos con inclinómetros, piezómetros y celdas de carga para darle al constructor la certeza de que puede seguir avanzando sin sobresaltos.
Un talud en trumao puede perder el 40% de su resistencia al corte en menos de 24 horas si el drenaje falla durante un temporal.



