El análisis granulométrico en Osorno comienza con una columna de tamices metálicos de acero inoxidable, dispuestos en orden decreciente desde las mallas gruesas hasta el fino tamiz N°200. Cuando la fracción supera el 50% de suelo pasante por la malla más fina, entra en juego el hidrómetro 152H, un cilindro de vidrio calibrado que mide la densidad de la suspensión a intervalos de tiempo controlados. Trabajamos con equipos sometidos a verificación metrológica periódica, incluyendo agitador mecánico Ro-Tap y dispersor eléctrico para la fase de defloculación con hexametafosfato de sodio, siguiendo la norma NCh 165 y D7928. Es indispensable manejar las particularidades de los suelos de origen volcánico que predominan en la cuenca de Osorno, donde los limos y arcillas del trumao exigen un control riguroso del tiempo de sedimentación para no subestimar la fracción fina. Complementamos la granulometría con ensayos de límites de Atterberg cuando el contenido de finos supera el 12%, porque la plasticidad del trumao condiciona directamente la clasificación USCS del material. La combinación de tamizado mecánico e hidrometría nos permite construir la curva granulométrica completa, desde las gravas gruesas hasta las partículas coloidales, dato indispensable para cualquier modelo geotécnico de fundación en la región.
Una curva granulométrica mal definida en suelos volcánicos de Osorno puede subestimar el potencial de consolidación y llevar a asentamientos diferenciales en edificaciones sobre trumao.



